Blog

Typosquatting: cómo una pequeña variación de tu dominio puede poner en riesgo tu marca

|  Iñigo de las Heras Nuin

Vigilancia dominiosProtección de MarcaCiberseguridad

Typosquatting: cómo una pequeña variación de tu dominio puede poner en riesgo tu marca

Escribir mal una dirección web parece un error sin importancia.

Una letra de más, una tecla equivocada, un guion que no debería estar ahí o una extensión diferente. Normalmente, el usuario simplemente corrige el error y continúa navegando.

El problema aparece cuando alguien ha registrado previamente ese dominio parecido al original.

En ese caso, un pequeño error puede llevar al usuario a una web completamente diferente que imita la identidad de una empresa, intenta obtener sus credenciales, muestra publicidad, redirige el tráfico hacia otro servicio o incluso se utiliza para enviar correos que parecen proceder de la marca legítima.

Esta práctica se conoce como typosquatting y demuestra por qué proteger una marca en internet no consiste únicamente en registrar su dominio principal.

¿Qué es el typosquatting?

El typosquatting consiste en registrar dominios que se parecen deliberadamente al de una empresa, marca o servicio conocido aprovechando pequeñas variaciones que pueden pasar desapercibidas.

El objetivo es beneficiarse de la similitud entre ambos dominios.

Por ejemplo, si una empresa utiliza empresa.com, un tercero podría intentar registrar variantes construidas a partir de errores habituales al escribir el nombre, letras adicionales, guiones o cambios en la extensión.

Para el propietario de la marca pueden parecer dominios claramente distintos.

Para un usuario que los ve rápidamente en un correo, un anuncio, un mensaje o desde la pantalla de un móvil, la diferencia puede resultar mucho menos evidente.

Y esa confusión es precisamente lo que hace que esta técnica pueda convertirse en un problema de seguridad y de protección de marca.

Un error tipográfico puede ser suficiente

Una de las técnicas más sencillas consiste en anticipar errores habituales de escritura.

Cuando utilizamos el teclado rápidamente es fácil intercambiar dos letras, omitir una, duplicarla o pulsar una tecla cercana.

Un atacante puede registrar algunas de esas variantes esperando que los usuarios lleguen hasta ellas por error.

Pero el typosquatting no depende únicamente de errores accidentales.

El dominio también puede utilizarse deliberadamente en campañas de phishing, mensajes fraudulentos o enlaces diseñados para que la persona no se detenga a comprobar cada carácter antes de acceder.

Cuanto más conocida sea una marca y mayor sea el volumen de usuarios que interactúan con ella, más oportunidades pueden existir para aprovechar este tipo de confusión.

Letras duplicadas, eliminadas o intercambiadas

Muchas variantes utilizadas en typosquatting son extremadamente sencillas.

Una letra puede desaparecer del nombre original, aparecer dos veces o cambiar de posición respecto a la siguiente.

También pueden utilizarse letras cercanas en el teclado para crear dominios que visualmente siguen recordando mucho al legítimo.

El problema es que normalmente no analizamos una dirección web carácter por carácter.

Nuestro cerebro reconoce el nombre general de la marca y, si el dominio parece correcto a primera vista, es fácil continuar navegando sin detectar la diferencia.

Esta similitud adquiere todavía más importancia cuando el dominio aparece dentro de un enlace de correo electrónico o cuando se consulta desde dispositivos móviles, donde existe menos espacio para visualizar la dirección completa.

Un guion también puede crear un dominio diferente

Añadir un guion es otra forma sencilla de generar una variante.

Si una empresa utiliza nombremarca.com, alguien podría registrar una versión como nombre-marca.com.

También pueden añadirse términos que den apariencia de legitimidad: palabras relacionadas con soporte, clientes, pagos, acceso, tienda o seguridad.

En estos casos ya no estamos necesariamente ante un simple error tipográfico, pero el principio es parecido: crear un dominio suficientemente próximo a la identidad original para que el usuario confíe en él.

Por eso, al analizar posibles riesgos alrededor de una marca, no conviene limitarse exclusivamente a las faltas de ortografía más evidentes.

Caracteres que parecen iguales también pueden generar confusión

Hay casos todavía más difíciles de detectar visualmente.

Determinados caracteres pueden parecerse mucho entre sí según la tipografía utilizada. Una letra puede sustituirse por otra visualmente similar o incluso utilizar caracteres de otros alfabetos que, a simple vista, recuerdan a caracteres latinos.

Este tipo de técnicas se conocen habitualmente como ataques con caracteres homógrafos.

Para un usuario, el dominio puede parecer prácticamente idéntico al legítimo aunque técnicamente sea diferente.

Este es uno de los motivos por los que mirar rápidamente el nombre de una marca en una URL no siempre es suficiente para determinar si estamos realmente en su web oficial.

Cambiar la extensión también puede crear una falsa sensación de legitimidad

La parte situada después del nombre también importa.

Una empresa puede operar principalmente con un .com, pero eso no impide que otra persona registre el mismo nombre bajo otra extensión disponible.

Dependiendo del contexto, un usuario puede interpretar ese dominio como una web alternativa, una versión internacional, una tienda o un servicio específico de la misma compañía.

La existencia de cientos de extensiones diferentes hace que resulte poco realista registrar cualquier combinación posible alrededor de una marca.

Por eso, la protección no consiste necesariamente en acumular dominios.

Consiste en identificar qué extensiones y variaciones presentan un riesgo real según la notoriedad de la marca, los mercados en los que trabaja, su actividad y la forma en que los clientes interactúan con ella.

¿Para qué se utiliza un dominio parecido al original?

Registrar un dominio similar no implica automáticamente que exista una actividad fraudulenta.

Puede haber coincidencias legítimas, especialmente cuando se utilizan términos genéricos o marcas que contienen palabras comunes.

El riesgo aparece cuando el dominio intenta aprovechar deliberadamente la identidad o reputación de otra organización.

Uno de los usos más conocidos es el phishing.

Un dominio parecido puede alojar una página que imita una web real para intentar obtener nombres de usuario, contraseñas, información bancaria o cualquier otro dato sensible.

Pero existen otras posibilidades.

El dominio puede redirigir a los usuarios hacia otra empresa, mostrar publicidad, intentar vender productos falsificados, imitar una tienda oficial o utilizarse como base para enviar correos fraudulentos.

En otros casos, el objetivo puede ser simplemente capturar parte del tráfico que debería haber llegado al dominio auténtico.

El correo electrónico también forma parte del riesgo

Una de las consecuencias más delicadas del typosquatting aparece cuando el dominio se utiliza para crear cuentas de correo.

Una dirección basada en una variante visualmente similar puede utilizarse para hacerse pasar por un proveedor, un empleado, un departamento financiero o un responsable de la empresa.

En una conversación larga, una diferencia mínima en el dominio puede pasar fácilmente desapercibida.

Esto permite utilizar dominios parecidos como parte de ataques de suplantación dirigidos a empleados, clientes, distribuidores o proveedores.

Por ese motivo, la vigilancia de dominios no debería analizar únicamente si existe una web publicada.

Un dominio aparentemente vacío puede seguir teniendo utilidad para actividades fraudulentas a través del correo u otros servicios.

¿Hay que registrar todas las posibles variaciones de una marca?

Intentar registrar cada posible error ortográfico, extensión y combinación imaginable rara vez es una estrategia realista.

La cantidad de variantes puede ser enorme.

Además, no todas presentan el mismo nivel de riesgo.

Una estrategia de protección más razonable pasa por identificar cuáles tienen mayor probabilidad de generar confusión.

Por ejemplo, puede tener sentido valorar errores tipográficos especialmente evidentes, variantes muy próximas al dominio principal, extensiones relevantes para el mercado de la empresa o combinaciones que puedan resultar especialmente atractivas para una campaña de suplantación.

El registro preventivo puede formar parte de esta estrategia, pero no debería ser la única medida.

La monitorización permite detectar lo que no puedes registrar

Aunque una empresa proteja las variantes más importantes de su dominio, siempre existirán combinaciones que no estarán registradas.

Por eso, la otra parte de la estrategia consiste en vigilar qué dominios aparecen alrededor de la marca.

Detectar un registro similar no significa necesariamente que haya que actuar inmediatamente.

Primero hay que analizar quién lo utiliza, para qué se está utilizando y si existe realmente un riesgo de confusión, fraude o infracción.

La monitorización permite precisamente hacer ese seguimiento y detectar registros que podrían pasar desapercibidos hasta que un cliente, proveedor o empleado encuentre el problema.

Cuanto antes se identifica una posible amenaza, más margen existe para analizarla y decidir cómo actuar.

Proteger el dominio principal es solo el principio

Registrar el dominio principal de una empresa es imprescindible, pero no evita que terceros registren otras variantes parecidas.

El typosquatting aprovecha precisamente ese espacio situado alrededor de la marca: errores de escritura, pequeñas modificaciones, extensiones alternativas o combinaciones que parecen suficientemente legítimas para generar confianza.

Por eso, una estrategia de protección de marca digital debería combinar diferentes medidas.

Registrar de forma preventiva los dominios más relevantes puede reducir determinados riesgos, mientras que la monitorización permite detectar nuevas variantes que aparezcan con el tiempo.

En Entorno Digital podemos ayudar a las empresas a analizar su cartera de dominios, identificar variantes que puedan representar un riesgo y monitorizar posibles registros que intenten aprovecharse de su identidad digital.

Porque, en internet, una sola letra puede separar el dominio de tu empresa de una web creada para hacerse pasar por ella.

Entorno Digital
Typosquatting: cómo una pequeña variación de tu dominio puede poner en riesgo tu marca